sábado, 18 de julio de 2015

Sexo y familia: una arma de doble filo

Por: Dra. Anabel Ochoa
El presente oferta nuevas actuaciones de los vínculos entre personas que se protegen mutuamente bajo un mismo techo. Nos venden la familia como una buena para todo. Y puede que lo sea, pero puede no serlo ¡ojo! Bajo esta palabra dulzona se amparan también mil y un atrocidades escondidas en silencio bajo un techo que todo lo tapa. Aquí se desarrolla lo mejor y lo peor del sexo sin discernir nada. Queremos algo más, de verdad y sin cuentos. Llegó el tiempo de airear y revisar los tópicos. No se vale hablar de valores cuando son contravalores maquillados en un lema ciego. No sirven. Mejor quitar la venda, y luego hablamos. Si queremos crecer, no queda más remedio.
La preservación de la sexualidad del cachorro humano, el renunciar como un ente calenturiento y cuidarlo, debería de ser de los valores más sagrados del grupo llamado familia, para diferenciarse de cualquier otra bestia que no distingue entre lo propio y lo ajeno.

¿Qué es la familia?
El concepto es romano. La palabra “familia” deriva de fámulo criado. En la Roma Clásica la “familia” era un grupo que convivía en la misma casa, incluidos los sirvientes (criados) que precisamente se criaban al calor y protección de ese techo. Pero las llamadas “familias” tienen y han tenido formas muy variopintas a lo largo del tiempo y en distintas culturas. En general se trata del grupo de sangre y allegados que comparten el sustento y refugio, que se amparan mutuamente frente a lo externo, y que tienen diferentes éticas internas que cambian la definición de lo bueno y lo malo.
En la tribu primitiva, “familia” era lo mismo que comunidad social, pertenencia múltiple, no de pareja sino más amplia, compromiso de clan o raza; los hijos podían ser libres, violados, casados desde niños o compartidos. Actualmente la “familia” tiene aún muchas formas. Para muchos musulmanes sus cuatro esposas, decenas de concubinas y los descendientes habidos con todas ellas son su “familia”.
En Indonesia, los recién casados se hacen cargo de los suegros ancianos y los mantienen viviendo en “familia”. En India la pareja más joven que se casa sustenta a los padres de él, nunca a los padres de ella, razón por la cual  saben si paren una hija están perdidos al envejecer como “familia”. Lo mismo los esquimales que además llegan a ofrecer a la propia esposa al visitante como signo apreciado de hospitalidad. Las niñas en Tailandia aprenden a manejar sus músculos vaginales desde chiquitas para ser buenas amantes y la cama forma parte de los principios educativos básicos. Los gitanos exigen la sábana manchada a la desposada. Los judíos obligan a desposar a la viuda del hermano sin remedio. Y así sucesivamente bajo todas las formas y códigos morales que imaginemos.

La familia que conocemos como tal
En el llamado mundo de Occidente, la revolución industrial de principios del S. XX acabó con la gran “familia” de varias generaciones que convivían en una misma casa. De pronto el obrero de una fábrica contaba con un sueldo, se acabaron los negocios familiares, era un asalariado y tuvo que inventar la llamada “familia nuclear”: el hombre, su esposa y sus hijos, y nada más. Ya no hay lugar para los abuelos improductivos en pequeños departamentos que emulan colmenas humanas. Progresivamente esta célula nuclear controla el número de hijos, tiene menos porque no caben y no alcanza. Además, la mujer dotada de anticonceptivos deja de ser una hembra pasiva y paridora y se incorpora al mundo productivo en vez de atizar los fogones y dedicarse a la crianza. Esto último es lo más reciente que heredamos bajo el nombre de “familia”.

Pero no todo ocurre en distintos espacios planetarios al mismo tiempo. La España de Franco, todavía en los 70s, premiaba económicamente a la familia numerosa hasta morir de parto las concursantes en el intento de superar los diez hijos y ganar el premio. Ahora la “madre patria”, es el país con menos nacimientos del mundo y donde nadie quiere verse reproducido, se encontraría prácticamente en “crecimiento cero” hasta límites vertiginosos si no fuera por el flujo de inmigrantes. La China del presente castiga tener más de un hijo, como si fuera delito. En la India las feministas llegan a prohibir el ultrasonido que adivina el sexo del feto en el embarazo, porque si es niña la eliminan. Y esto son solamente pequeños ejemplos de la diversidad de opciones frente al asunto. Parece que en el mundo hay de todo y para todo, y los llamados “valores” se contradicen según cómo, cuándo y dónde.
Sin duda las tribus humanas, sean cual cuales sean en sus creencias o en el tiempo, siempre han celebrado éticas para ser eficaces en su medio. En unas exigía la virginidad porque no existían anticonceptivos, y por tanto la relación extramatrimonial era lo mismo que traer un hijo de otro y heredar las tierras del vecino con un bastardo escondido. En otras se compraban mujeres, niñas incluso, porque las hembras sexuales resultaban débiles al ser permanentemente preñadas, igualando reproducción y sexo. Y todo ello era lógico, adoptado al mundo en que vivían. La abuela enseñó a la madre, la madre a ti y tú a tus hijos porque todo era lo mismo y nada mutaba.
Pero todo cambió de pronto, radicalmente a partir del descubrimiento de los anticonceptivos. La mujer dejó de ser un horno preñable por sistema, para inaugurar una sexualidad que distingue entre reproducción y placer, todo un susto para los viejos sistemas porque nunca antes la humanidad había conocido algo así, de una manera tan clara y definitiva. Sin duda, era necesario cambiar las éticas, las morales del bien común y adaptarse a los tiempos, revisando conveniencias de la comunidad, bien y mal para vivir, tabúes y preceptos. Pero no fue tan eficaz, al menos no fue tan rápido como la vida misma en la que ocurrían otras cosas. Anclados en un pasado obsoleto que hablaba de mundos que ya no eran éste, los humanos seguimos leyendo apolillados libros para saber conducirnos como si nada hubiera cambiado. Y claro, sin duda surge el malestar de la cultura, la incomodidad de los sujetos, la injusticia de la norma que no se ajusta, lo obsoleto de los códigos y la necesidad de revisar cuanto antes las enseñanzas que regulaban una realidad que cambió sin remedio.

La Familia ideal
Dejando de lado otras culturas, en la nuestra persiste un sueño familiar como una especie de paraíso perfecto del que provenimos y merecemos. Aunque la realidad sea otra. Reclamamos socialmente este parámetro idóneo y onírico en lo personal, en lo social y en lo político. En el fondo eta perfección familiar es una utopía, una imposible perfección teórica que no se da, pero que se maneja cotidianamente como si existiera en verdad lo funcional. A la hora de los hechos, resulta finalmente todos somos disfuncionales y acabamos relatando un pasado personal en el que algo falló frente a la postal familiar peliculera.
¿Cuál es la familia ideal que nadie tiene al cien por ciento? Te invito a que la dibujemos aunque resulte fantástica, soñemos un rato con el mito. Aquí el cachorro nacido de hombres y mujeres estará protegido frente al mundo exterior por largo tiempo, mucho en verdad si tenemos en cuenta que nuestra especie tarda nada más y nada menos que dieciocho años en ser legalmente independiente, que no es como el pajarillo que se abandona en cuando sabe volar. El humano, a diferencia de otras especies, es el más inmaduro a la hora de nacer, pero el que más progresa –o se deteriora, ¡Ojo!—en esos años de contacto y aprendizaje con el mundo exterior. Esta familia utópica de una clase media que nos venden tiene un rasgo característico a diferencia de otras, y resulta encantador: es generosa en sus aportaciones, parece darlo todo a cambio de nada, es decir que provee al hijo de herramientas que no redundan en beneficio material inmediato para los padres sino que, al contrario, todo el esfuerzo parece encaminado a que aprenda a vivir sin ellos. Es un gasto, siempre. Por eso esa familia ideal aportaría al menos lo siguiente:
·         Alimento sano, nutritivo, delicioso, variado, rico, educado y regulado a sus horas, rechazando el capricho que no nutre. Siempre comerías frutas y verduras.
·         Educación generosa, en la escuela largos años, más de veinte incluso, renunciando al chiquillo como mano de obra para la familia, formándolo de modo que sea eficaz para sí mismo en un futuro, en vez de serlo para los ancestros.
·         Techo, refugio seguro y eterno frente a la intemperie del mundo externo: la casa familiar de la cual irte y regresar siempre si algo falla.
·         Identidad con dos apellidos, garantía de no ser casual ni bastardo.
·         Historia, origen, referencia y pasado para saber quién eres, de dónde vienes, aportando símbolos de lo universal, lo biológico, lo patrio, la raza, el clan, y el vecindario.
·         Herencia material prometiendo un patrimonio cuando te falten los proveedores, tengas la edad que tengas. Un seguro de vida frente al fracaso de lo propio en el intento de ser autosuficiente.
·         Herencia genética, sobrevalorando los rasgos de la familia siempre como positivos (valor, audacia, fuerza, inteligencia, resistencia, honestidad, etc.), obviando las debilidades físicas y psicológicas del grupo que se repiten generación tras generación.
·         Apoyo emocional. Ser eternamente comprendido aunque falles, digan lo que digan otros, ser importante para ellos, único. Siempre te quieren, siempre te querrán si precio, aunque amantes y amigos estén pidiendo algo a cambio de tu persona. Aquí es gratis y garantizado.
·         Seguridad física y psíquica basada en los otros dones (casa y apoyo). Pero también en la enfermedad, a modo de seguro como tisana frente al pánico a la muerte. Aun siendo tarado, inútil, aunque los demás fallen porque no eres capacitado, siempre están ellos.
·         Amor como ejemplo en la propia pareja de los padres unidos eternamente pase lo que pase, en la prosperidad y lo adverso, en la alegría y la tristeza.

La familia sexual ideal
Continuando con el sueño de lo que debería ser y no es, la familia perfecta pretendida te estaría aportando a estos niveles, cuando menos…
·         Educación sexual clara y honesta desde el principio, sabiendo si eres hombre o mujer, alegremente, sin taras estúpidas de roles y género, comprendido, incluso si eres gay minoritario o diverso, informado de resortes del placer de tu mente y de tu cuerpo, de proceso, de prevención de enfermedades y embarazos, para manejarte algún día por ti mismo, sin sucumbir en el intento.
·         Castidad sexual garantizada en el grupo familiar durante la infancia, preservando el tesoro erótico para su futuro autóctono: no abuso, no incesto, respeto hormonal desinteresado para que luego ejerzas tu sexualidad, afuera, sin presiones, nunca dentro.

La familia perversa
No todos los hogares son garantía de cobijo. No todos los techos se florecen libremente para emigrar afuera completos. A veces, muchas –demasiado me temo—se sale roto y dañado. Hay hermanos que se matan por la herencia, mujeres que son viudas a propósito, hombres que las golpean hasta reventarla, calladas sometidas que nunca se redimen, puñaladas y traiciones que la sangre común no impide, celos enfermizos. Hay niños abandonados en la calle desde la tierna infancia. Hay mujeres prostituidas por el padre, la pareja y hasta el hermano, padrotes de su familia. Incluso en el mejor de los casos hay cuernos, mentiras y engaño como rutina. No se trata de rasgarnos las vestiduras sino de, simplemente, que la palabra “familia” no ampare un tópico Cuando lo es de verdad, no hay nada mejor en este mundo.

Sin duda no existen los modelos teóricos perfectos. Ni se da la familia ideal, ni todos somos tan espantosa y absolutamente fracasados en el intento Digamos que vivimos a medias entre uno y otro polo. Pero las cifras de lo que sucede deberían de suponer una alerta, una obligación de intervenir para conciliar la realidad con el sueño, en vez de taparnos los ojos y seguir repitiendo palabras típicas como estúpidos ciegos de sí mismos. Plantemos cara al asunto: Frente a esa familia ideal de la que hablamos todo el tiempo, lo que pasa ahora mismo entre nosotros es bien distinto. Por ejemplo sucede que tenemos…
·  Alimento pervertido: Enfermos de bulimia por comer en exceso consolando las carencias afectivas, anoréxicas para ser más flacas como el prototipo de belleza prometido para ser amada, diabéticos por exceso de azúcar, con corazones fracasados por la grasa, alienados por el maíz transgénico de las tortillas, envenenados por la leche radioactiva, dementes por las “vacas locas”
·   Educación. Analfabetas funcionales (40 por ciento de los letrados) que leen y no entienden nada, que no sacan conclusiones vitales útiles para sí mismos aunque hayan estudiado, porque la realidad miserable no dio tiempo a procesar las cosas y presiona todo el rato, “licenciados chatarra” de carreras que no sirven para nada, o artistas insatisfechos de su vocación abortada que en vez de atenderla, obedecieron la indicación familiar de ser administrador de empresas porque era rentable.
·    Techo. Casa paterna hipotecada por el banco, incautada por el fisco, asegurada por la policía, vendida por necesidad o conveniencia, mal repartida entre hermanos avaros, mal vendida por necesidad inminente, sin registro a falta de papeles, mansión usurpada a los vecinos por el bienestar propio robando al otro, desalojada por estar en zona de riesgo, inestabilidad de paracaidista, reconvertida en área ecológica o tumbada por la ceniza del Popo.
·         Identidad. Apellido materno si hay suerte, y la historia de un padre siempre ausente a cambio.
·         Divorcio: Uno de cada cuatro hogares mexicanos está regido por cabeza femenina. El teórico “paterfamilias” es polígamo y abandonador del núcleo familiar, ausente y rara vez responsable del sustento de su pasado. Las parejas se forman sin la honestidad de objetivos comunes, sin pretender ser cómplices ni amigos, confundidas y engañadas por cuerpos y chequeras que estallan de infelicidad en el tiempo.
· Violencia intrafamiliar. El cincuenta por ciento de los hogares son víctimas de la violencia en casa: física con resultados hasta mortales, o psíquica con destrucción de la autoestima hasta el suicidio. Se ejerce contra la esposa sobre todo, pero también sobre los hijos que quedan dolorosamente marcados y casi siempre repetirán el patrón destructivo al formar su propia familia.
· Abandono de hijos. Hay ya 30, 000 niños de la calle censados en el D F , desde los tres a los 17 años Sin comentarios.
· Abandono escolar. Es habitual en medios marginados donde el hijo es una mano de obra necesaria para que sobreviva la familia y no se pueden permitir el lujo de tener una boca que alimentar sin que produzca nada.
· Drogas. Para escapar de una realidad insoportable, consuelo por minutos con una sustancia dura que, aunque mate, resulta menos sentenciosa que un destino a todas luces siniestro durante mucho más rato antes de morirte finalmente de cualquier otra cosa.

La familia sexual perversa

Bajo el mismo techo también se cuece la perfidia, aprovechando lo cercano para nuestra parte oscura irresoluta Por desgracia, no se trata de historias negras, morbosas y policíacas. Es cotidiano el fracaso en este nivel. Tal vez la preservación de la sexualidad del cachorro humano, el renunciar a verlo como un ente calenturiento y cuidarlo, debería de ser de los valores más sagrados del grupo para diferenciarse de cualquier otra bestia que no distingue la familia entre lo propio y lo ajeno. Pero no es así, y mejor saberlo para decidir qué hacemos y de qué estamos hablando. La realidad es muy otra, veamos:

·  Abuso sexual en familia. El quince por ciento de las niñas y el diez por ciento de los varones son abusados sexualmente en familia, rara vez por extraños. No nos engañemos porque estadísticamente el delito ocurre en este orden de protagonistas: padrastro, padre, abuelo, tío, primo, cuñado y allegados a la casa que tienen acceso y confianza del menor.

· Fracaso sexual como hombre porque aprendiste la prepotencia y el abuso, el abandono, el desprecio por la hembra frente al macho, la eyaculación precoz, ciego de egocentrismo, el drama de la impotencia confundida con la hombría, la obligación de ser fuerte y proveedor, de ser rico para que te quieran, de no poder llorar jamás en un hombro comprensivo a cambio del poder machista dado.
· Fracaso sexual como mujer porque te negaste el placer para ser digna, confundiendo el dolor con la virtud, el sacrificio con la felicidad que merecías, sin saber de tu cuerpo nada y advertida de que ellos “quieren lo que quieren” y siempre sales perdiendo. Jamás hay ganancia Llamándote “dejada” si no hay marido, “ofrecida” si tomas la iniciativa, diciendo “fracasé” si te embarazas, o “me alivié” si hay parto. Eso sí, eternamente “vieja” aunque tengas quince años.

· Fracaso sexual como hijas e hijos asustados por la desinformación, creyéndote merecedor de quedarte ciego o con pelos en la mano por tocarte cuando clama la hormona. Analfabetas de los anticonceptivos, con embarazos no deseados, abandonando hijos, negándolos, abortando y muriendo en el intento, sufriendo a solas, enfermos de promiscuidad absurda, enfermos terminales de calentura por no proteger el sexo, de Sida, cáncer cérvico-uterino por el papiloma humano. Desechados por ser homosexuales como si fuera voluntad propia y culpa o vicio en vez de la naturaleza que a nadie pide permiso.


Las nuevas familias

Por mucho que invoquemos la palabra “familia” como un invento único, la historia nos demuestra que este nombre genérico ha servido para muy diversas cosas a lo largo del espacio y el tiempo. Por ello sin demasiado error lingüístico se habla ahora de “nuevas familias”, que en realidad siempre lo fueron respecto a un pasado. Aquel grupo nuclear postindustrial que podría ser delictivo frente a la gran familia de varias generaciones, se ve ahora igualmente penetrado por otras formas impensadas de convivencia que habremos de observar tranquilos, sensatos y sin miedo a que se nos caiga nada. Lo que tienes en verdad como afectivo no puede sufrir amenaza alguna; lo que no tienes, eso sí se tambalea con las innovaciones, y hasta es lo mejor que te pueda pasar frente a la falsedad de lo que aparentabas sin ser cierto. El presente ofrece nuevas actuaciones de los vínculos entre personas que se protegen  mutuamente bajo un mismo techo.  A saber, y sobre todo a pensar…
Parejas gay de dos hombres o dos mujeres que pactan una vida en común, bajo un lema interno amoroso, pero socialmente bajo un lema de cooperación económica y funcional, que reclama como cualquier ciudadano: derechos de herencia, de impuestos como pareja, de vacaciones familiares, de asociados en diversos fines que son reconocidos a la pareja hombre-mujer, de adopción incluso, de enfermedad y visita en un hospital si la pareja se enferma, etc , etc. Grupos de amigos(as) que conviven solidariamente bajo un techo con una economía común, sin ser pareja sexual ni reproductiva, pero que se alían para hacer un frente solidario ante la economía, la protección mutua y los rendimientos sociales. Seres clonados, otros producidos en laboratorio en vez de en la cama, alteraciones genéticas del futuro para las que no hemos desarrollado una ética que urge, cuanto antes, con la mente abierta y sin prejuicios oscurantistas, porque humano será todo lo que desarrolle un hombre. Estarían también las personas adoptadas en las que lo funcional decide el futuro más allá de lo biológico que fracasó en ellos. Y de ahí en adelante la mente preparada para mil y una cosas más que la familia surgen cada día y que ignoramos en la mente cuadriculada de ese concepto en progreso llamado “familia”

El futuro sexual de la familia


La sexualidad parece ser el único juguete adulto, y por ello secreto, y por lo mismo oculto y disfrazado de sufrimiento cínico al formar familias. La pareja de amantes que goza locamente en la cama, niega el placer como confesión cuando tiene hijos. Y les cuenta otra historia. Les habla del amor cambiando oportunamente de tema, del dolor del parto, de los mil y un peligros de entregar el cuerpo bajo la pasión. Lo hacen casi en un ejercicio de amnesia respecto a lo que ellos mismos fueron, como si hubieran nacido frígidos y viejos desde el principio. Frente al cachorro todo es cuidado. Pero en vez del recurso educativo ocultan, y la mentira cínica supera lo pedagógico. Como si no supieran, como si no pudieran. Curiosamente no hacen lo mismo con otras cosas de la crianza; logran —más o menos— ser cabales y que pienses al respecto. Aunque, si recordamos en serio, para aprender a dormir no había mejor explicación que el coco, el hombre del saco, o el diablo blanco que “te come la patita”. La amenaza en definitiva. La solución del dictador tonto cuando carece de argumentos para convencerte de algo. Tienen un miedo irracional a informar a los hijos respecto a la sexualidad, con la fantasía ignorante de que: si les dan las pistas del placer, se convertirán en una especie de monstruos promiscuos e incontrolados que fornicarán sin control alguno. Nada más lejos de la realidad, y a las cifras me remito. La última investigación mundial de ONUSIDA es determinante: las culturas que imparten educación sexual desde la infancia, inician sus relaciones sexuales más tarde, no antes. Por tanto, la precocidad ignorante, la promiscuidad animal calenturienta, es producto de la ignorancia sexual, no de la cultura que lejos de ser un peligro calma y adiestra los instintos para encaminarlos a un fin sin prisa, dueños de los acontecimientos que nos suceden en vez de víctimas de una pasión hormonal que el cerebro no procesa. Mejor aprendemos la lección y nos aplicamos el cuento, sin más disculpas, sin más pretextos miedosos de silenciar, hasta ahora no nos han conducido a nada, salvo al desastre en nuestro proyecto humano.

Fuente: 
Libro:    "El Universo de la sexualidad"
Auor:     Dra. Anabel Ochoa

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