viernes, 24 de abril de 2015

Sexualidad: El Círculo de la clandestinidad sexual



Por Francisco Javier Lagunes Gaitán*

Al mismo tiempo que existe una virtual imposibilidad de discutir formalmente la sexualidad, de manera paralela, en los rincones de esta sociedad carente de información y aterrorizada de su propia libertad, se abren espacios clandestinos de prácticas prohibidas. Las personas que participan en estas prácticas son parte integrante de su sociedad y la mayoría de ellos tiende a compartir buena parte de los mitos predominantes.

Los hombres que tienen sexo con otros hombres en estos lugares raramente se atreven a asumir una identidad diferente de la dominante. Muchos de ellos no viven sus prácticas como la expresión feliz de una necesidad humana, sino como un vicio siniestro que de repente se les sale de control. Participan en las prácticas prohibidas pero se mienten a sí mismos con pretextos como: no sabía lo que hacía, ahora sí, ya no lo vuelvo hacer o él me engañó.

La investigación sexológica no ha ayudado a poner en claro que la orientación sexual de las personas, cualquiera que ésta sea, es parte de su matriz básica de personalidad. Nadie puede contagiarse de algo que, además de que no es una enfermedad, obedece sobre todo a condiciones tan intrínsecas en la persona como la posible predisposición genética a sentimientos profundos, inconscientes tenidos en la primera infancia. El miedo a la homosexualidad puede convertirse en una enfermedad fuera de control. [en  sí la homosexualidad como tal no es una enfermedad, clínicamente, como tal]. Nuestra sociedad debe liberarse a sí misma de este temor irracional que paraliza nuestro desarrollo y causa inmensos sufrimientos a las personas percibidas como diferentes, a sus familiares y amigos.

La educación para la salud y la prevención de infecciones de transmisión sexual (ITS) en estas poblaciones clandestinas es particularmente difícil. Estos hombres participan en prácticas de riesgo como si estuvieran  viviendo un sueño privado, incompatible con el resto de su vida, la responsabilidad, la protección, en una palabra la conciencia de su propia persona, se estrella ante un sólido muro de temores absurdos y prejuicios paralizantes. Para adquirir conciencia y responsabilizarse de sus actos ellos necesitarían asumir sus prácticas, integrarlas positivamente en su identidad personal y comunitaria.

Por si esta dificultad para la educación y la información de salud no fuera suficiente, surgen diariamente en estas sociedades los cazadores de homosexuales decididos a perseguir y reprimir. Empujar a un grupo de población, con prácticas de alto riesgo, hacia una mayor clandestinidad solo conduce a un aumento descontrolado de la epidemia del VIH, dificulta aún los esfuerzos de educación y prevención, y constituye un crimen contra la humanidad.

*Escritor y periodista.

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