miércoles, 3 de junio de 2015

¿No hay peligro de que la educación sexual aporte demasiada información a los niños?

Por: Dra. Anabel Ochoa


La educación nunca puede ser un peligro, o no es educación de verdad. La información jamás es demasiada en una sociedad donde acerca del sexo no se nos ha dicho nada, aparte de tres mitos y cuatro mentiras nefastas.
Si el silencio hubiera dado buenos resultados, no tendríamos ahora embarazo juvenil, abortos, niños de la calle, abuso intrafamiliar, incesto, enfermedades de transmisión sexual y tantas otras cosas que no han entrado a la educación del sujeto. Paradójicamente, ONUSIDA (Grupo de la ONU que investiga la difusión del SIDA en el mundo) descubre en 1998 que, en las culturas donde se aporta educación sexual desde la infancia, resulta que los jóvenes inician las relaciones sexuales más tarde, no más temprano. Luego, ¿De qué se trata? Es raro encontrar un violador, un sádico o cualquier otro tipo de sexópata enfermo, que haya tenido una buena orientación y equilibrio emocional en su infancia.
El silencio es el enemigo, no las palabras. El silencio se prueba de informaciones malversadas y perpetua los desatinos. La curiosidad infantil existe como un don que fundamente el saber y la inteligencia. No se puede tratar al chiquillo como a un imbécil; entre los tres y cuatro años de edad son tremendos con lo sexual, y si se ponen barreras absurdas no podrá canalizarlo; generando luego por ejemplo, obsesión por la pornografía y la contemplación ajena.
La educación te permite discernir, crear criterio y llevar las riendas de tu persona. La información, es su vez, solo se convertirá en educativa si genera reflexión (no datos a lo tonto), si se encamina a crear criterio y orden moral en el sujeto.
La desinformación, en cambio, los mitos analfabetos, te convierten en un muñeco de los acontecimientos donde jamás puedes gobernar tu vida, eres víctima de ti mismo y de los otros.
Hay gays en silencio que oyen a sus padres comentar: “Si un hijo mío sale maricón, prefiero verlo muerto”. Hay mujeres a quienes el novio les dijo “demuéstrame lo que me quieres”, y sus padres la corren luego de casa porque ya no sirve.
La educación sexual, la impartas o no, comienza desde la cuna; depende de lo que te cuentan qué es ser niño o ser niña, de lo que tocas feliz o lleno de culpa, de la actitud de los padres con sus propios cuerpos, avergonzados, naturales o exhibicionistas. Sobre esta base, unos grupos familiares transmitirán valores conservadores, liberales, represores, éticos, culpabilizadores o simbólicos sobre lo que es lícito hacer o no en cada caso.
Lo que no se puede es predicar una cosa y hacer lo contrario, esa doble moral que confunde al chiquillo, donde todo lo ajeno es pecado y lo propio es virtud. Tampoco es nada aconsejable –como hacen muchos—,llevar al niño al colegio religioso y luego ver cine porno en familia diciendo que no pasa nada, que somos bien modernos; o al contrario, enviarlo al Montessori y obligarlo después a rezar el rosario en casa. Si definitivamente haces lo contrario de lo que piensas o piensas lo contrario de lo que haces, o cambias de conducta o cambias de moral, porque así sólo te estás engañando.

La sexualidad humana no es natural, es educada; porque si no la educas, los niños sólo podrán aprender del burro, el perro callejero o las mariposas, y así nos va.

FUENTE:
Libro:          "Respuestas para vivir una sexualidad inteligente y segura"
Autor:          Dra. Anabel Ochoa
Editorial:     Selector

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