miércoles, 10 de junio de 2015

¿Qué cosas se puede contagiar con el sexo?

Por Dra. Anabel Ochoa

La relación sexual es de los acercamientos más grandes que se dan entre dos personas, por algo que se llama contacto íntimo. Por tanto, es mucho más fácil traspasar aquí enfermedades de un cuerpo a otro que saludando, abrazando, compartiendo el vaso o la ropa, tosiendo o respirando el mismo aire.
En el sexo se respira boca a boca, se suda juntos, y se chupa, se muerde, se lame, y lo más importante, se ponen en contacto los fluidos de ambos cuerpos. Por tanto se trata de un sorteo en el que tienes todos los boletos.
Fíjate que las enfermedades de transmisión sexual (ETS o venéreas) son las más comunes de las enfermedades comunicables del mundo. Pero para que una enfermedad brinque entre dos amantes es necesario conocer el vehículo en el que se desplaza cada una de ellas, que no siempre es el mismo.
Además del temible SIDA, hoy en día asistimos a un repunte de viejos padecimientos que se creían erradicados. Hay nuevamente sífilis, herpes genital, linfogranuloma venéreo, cándida, tricomonas, etc. A ello se añaden otras que aunque no son de contagio exclusivamente sexual, pueden aprovechar el evento para habitar otro cuerpo, como los piojos del cabello, la sarna, la tuberculosis, y en general cualquier enfermedad infecto-contagiosa que tenga oportunidad en el cuerpo a cuerpo.
¡Qué panorama! Pero no te desanimes, esto ha sido así desde  el principio de los tiempos y no es peor ahora porque hablemos de ello. Al contrario, peor tener conciencia y saber las vías por las que se transitan es la mejor medicina preventiva para evitarlas, sin olvidar que cuanto más cambies de pareja más oportunidad habrá de llevarte una desagradable sorpresa.
La venerofobia (Horror a la enfermedad venérea) no es más eficaz, pero si la sensatez. Conviene que conozcas algo más acerca de cada una de ellas con sus correspondientes preguntas. Y aunque no tengas microscopio, no te fíes de un cuerpo que tiene verruguitas en los genitales, heridas, llagas, bultos extraños, olores o supuraciones varias; del mismo modo que no te comerías un pastel que huela a rayos o que tenga el merengue verdusco. Esta precaución no es todo, pero ya es ganancia.

Si alguna vez resultas contagiado, tendrás que preguntarle al doctor desde cuando habita esa enfermedad en ti, aunque no hayas dado cuenta ni tuvieras ningún signo (pueden ser días, meses o años según sea el caso). Haz buena memoria de a cuentas personas les transmitiste también el regalito; cada una de ellas ha podido a su vez contagiar a otros tantos no estaría demás echarle  valor y advertirles; no fue tu culpa pero si es tu responsabilidad en estos momentos. Mejor aún si dibujas la posible red de contagio; puede sorprenderte lo extenso del panorama.

FUENTE:
LIBRO:                      "Respuestas para vivir una sexualidad inteligente y segura"
AUTOR:                     Dra. Anabel Ochoa
EDITORIAL:              Selector, S.A. de C.V.

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