domingo, 30 de agosto de 2015

En Adolescencia: La rebelión, un proceso necesario

Por: Dra. Anabel Ochoa
Aquí la diferencia cultural es importante. Un chavo gringo que no intente vivir por su cuenta tras los 18 años, puede ser llevado al psiquiatra porque los padres piensan que le pasa algo, que no tiene autoestima ni es capaz de ser independiente. Paralelamente, un chavo mexicano que intente vivir por su cuenta a la misma edad, puede ser carne de diván porque la familia piensa que algo falla, que está loco y no quiere vivir con ellos. Pero simultáneamente un joven indígena que no tome esposa antes de los quince años será culpable de tarado. Todo es relativo, y más extremo aún en el caso de las mujeres, liberadas en Europa y dependientes entre nosotros, mucho más cuanto menos citadinas.
En general a los padres les asusta que un hijo se rebele, que se oponga, que cuestione, que difiera o enfrente lo que le dijeron en casa. Yo diría, más bien al contrario, que me preocuparía tremendamente que un hijo no lo haga, que sea lelo y obedezca a todo sin cuestionar nada.
La humanidad cambia y progresa gracias a esto, gracias a revisar lo aprendido y buscar nuevas rutas, gracias a la insatisfacción de la inteligencia que devora vías no penetradas, jamás con el conformismo sin cuestionamientos. Es una certeza evolutiva. En la adolescencia el “yo” del joven tiende a expandirse de manera subjetiva, desde los sentimientos magnificados, y en este momento sus anhelos de libertad chocan con la realidad del ambiente.

Pretender que el joven no se rebele es una indecencia a 54 todas luces por parte de los ancestros. Le estás vendiendo como valores una moral que ni siquiera respetas ni cumples, espuma en la boca. Muchas veces le hablas de fidelidad “poniendo los cuernos”, de honradez robando, de rectitud con un historial del todo chueco. ¿Lo tomas por tonto acaso? Pero ni siquiera esto es lo importante. Lo que de verdad pesa —y es necesario saber— es que el joven está ahí no para obedecerte y ser tu clon repetido, no para ser lo mismo que tú o lo que tú nunca fuiste, me da lo mismo. Él o ella están ahí para ser ellos, y no hay derecho a exigirles que no lo sean.

Pretender lo contrario es inmoral, indecente, narcisista, ególatra, enfermizo, digno de ser tratado en un hospital psiquiátrico en vez de acusar de tu trauma a las fallas del hijo que usurpas como si fuera sólo tuyo por haberlo concebido. Un hijo que nunca se rebele contra los dogmas de sus ancestros sin aportar nada por su cuenta, ese sí está enfermo y precisa ayuda; el otro no, el innovador es sano como la vida misma que muta y cambia, aunque no te guste. Por lo mismo, es el momento de dar apoyo como familia sin pecar de “metiches”; es preciso estar discretamente al lado, garantizarle que sea quien sea tú lo amas, siempre con un ojo abierto; no es el momento de abandonarlo, en esta etapa el amor es más necesario que nunca.

Fuente:
Libro:      "Mitos y realidades del sexo joven"
Autor:      Dra. Anabel Ochoa

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