lunes, 10 de agosto de 2015

Sexo Joven. El sentido del sexo: No sólo frotar los cuerpos

Por: Dra. Anabel Ochoa
La sexualidad humana es más compleja que la animal solamente porque pensamos más al respecto, porque le buscamos las vueltas, como a todo lo que emprendemos evolutivamente en nuestras vidas si querer limitarnos al instinto primario o a la naturaleza misma. A ti te toca parte de esta tarea sin remedio.

Ser joven es un compromiso para pensarlo todo, para cambiar y sanear lo que no te gusta, y por supuesto ahí está –en lugar de honor—el sexo. Si no lo haces, otros lo harán por ti. ¿Les dejamos o nos quejamos? Tú decides.

El humano lo modifica todo precisamente para marcar la diferencia y distinguirse de las víctimas de lo automático: agricultura que no depende de las estaciones espontáneas; vestidos en vez del natural pelo que nos quitamos; las ruedas de los coches en vez de las piernas limitadas; la casas en vez de la cuevas; y así eternamente en cualquier parcela de lo que emprendemos.

De la misma manera en lo sexual os gusta que otras especie en celo obligado primaveral marquen la diferencia para con nuestro quehacer erótico. Nada del calor exclusivo antes del verano. El humano es el único animal dispuesto a tener relaciones sexuales 365 días al año y 24 horas al día, excitado permanente, independientemente de la estación y la época en cualquier continente. ¡Ojo!, dije “dispuesto” nada más, no significa que lo cumplas forzosamente; no te conflictúes porque a la hora de los hechos tampoco es para tanto. Pero sí son las teorías y meceré la pena jugar con ellas para pensar lo máximo, no lo mínimo (de eso hablaremos luego).

La sexualidad humana sirve para dos cosas fundamentales: para reproducirse y para el placer. En cuanto a procrear hijos, los encuentros sexuales de la actualidad son bastante limitados para este fin: entre dos y tres hijos en toda tu vida de media estadística. Teniendo en cuenta que el sexo solo se ejerce desde la adolescencia hasta la senectud con un promedio de dos veces por semana, entonces resulta que el factor “placer” ocupa más tiempo del que imaginábamos en esta tarea. De hecho ocurren miles de coitos en nuestra vida personal que no tienen que ver con lo reproductivo y sí con el ardor sexual. Entonces, seamos sensatos y hablemos de la sexualidad humana tal como es y no como reportaje de veterinaria.

Hablemos del erotismo, arte del sexo inventado por esta especia a la que pertenecemos. El sexo es un instinto más en nosotros, una pulsión automática como el comer o el dormir. Pero resulta que el humano es el único animal de la naturaleza que modifica los instintos, que los reordena, reinventa, resignifica, regula, decora, que los adapta a sus intereses vitales porque es capaz de ejercer la voluntad sobre ellos.

Nuestra especie no es presa solamente de la pulsión primaria sin remedio; no devora presas para saciar su hambre sino que inventa el arte de la gastronomía, la cocina, la combinación de sabores, la dietética, la nutrición razonada o manjares. Al niño no le permitimos que muerda el alimento sin sentido sino que tratamos de que coma lo que le conviene y nutre, y de una manera adecuada para que no resulte agresivo al resto de los congéneres en cuanto a devorar, usurpar, eructar o emitir gases, por naturales que sean. Lo mismo debe ser el sexo. Un instinto educado que puede acomodarse a cuándo, cómo, dónde y con quién, de la manera correcta para que el individuo se realice en sus impulsos sin molestar al resto.

Este pensamiento tan sencillo a veces parece una quimera imposible entre nosotros. Resultamos ridículos a nivel sexual. Educamos la “pipí” y la “popó” para que no irrumpan a destiempo, también las horas de sueño, la comida…pero del sexo nada. No se vale.

La sexualidad humana es un don y un derecho de todos nosotros. Cuando se oculta, cuando se calla, se convierte en una bomba de tiempo que estalla por donde menos los esperas. ¿Por qué no adecuarlo como el resto de los instintos para que sea llevadero, para que se ejerza con placer –que es una de las misiones—y no de manera siniestra y oculta como si tuvieras que ser un delincuente contigo mismo o con el otro? Hay un buen sexo, maravilloso: todo es cuestión de darle el lugar que merece en esta vida.

El encuentro sexual entre nosotros no sólo es el acto de frotar los cuerpos urgidos, o no tendría que ocurrir si queremos ser mejores. De no ser así nos aburriría al rato por repetir eternamente lo mismo.


Nuestro sexo es imaginario para alimentar otras deudas afectivas, es un sueño de crecer, de fundirnos, de completarnos, de volar por los aires siendo el uno con el otro. Desaprovecharlo sería digno de un hipopótamo en celo, con perdón de los hipopótamos, que seguro tienen lo suyo y no sabemos.

Fuente:
Libro:      "Mitos y realidades del sexo joven"
Autor:     Dra. Anabel Ochoa

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