sábado, 22 de agosto de 2015

Sexualidad: Contagiados en la cama

Por: Dra. Anabel Ochoa
Las enfermedades relacionadas con la sexualidad han sido de siempre, en todas las culturas, tan presumibles, como vergonzantes, tan ocultas como públicas, tan silenciadas como evidentes. Tal vez por ello son las más comunes de todas las enfermedades comunicables del mundo. Pero la pasión es positiva y no conoce barreras.

El instinto sexual quiere y quiere con el otro ignorando consecuencias. Cuando piensa cabeza chiquita, deja de pensar cabeza grande. Efectivamente la salud es un asunto racional, no pasional. Cuando te cuidas del frío, por ejemplo, no hay problemas que te ponga cachondo la helada matutina y estés tentado a salir del abrigo dejando de razonar. En cambio cuando deseas sexualmente, la zona frontal del cerebro, la parte racional, se apaga para no calcular y solo sentir. Por eso el momento erótico no es para decidir nada. Y en la cama nos contagiamos de todo, nos infectamos por lo cerca y lo íntimo, hasta nos morimos, y seguimos resistiéndonos a tomar medidas al respecto, como con miedo a romper el encanto romántico. 

El contacto sexual es el acercamiento más grande que se da entre dos personas, mucho más que saludar, abrazar, compartir utensilios, toser o respirar el mismo aire, por algo se llama “contacto íntimo”.

La prevención sexual no pertenece a la cama, no es horizontal, si no vertical, es consciente, previa, fría y planeadora. La entrepierna excitada no ya saber nada de razonamientos y prevenciones, de advertencias, solo requiere frotarse urgida, y no razona.

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